Lo intenté. Les juro que lo intenté. Por lo menos me merezco el premio al esfuerzo, pero no hay caso: No me gusta el nuevo disco de Lady Gaga. Por más que lo escuche una y otra vez, y aunque realmente se me peguen algunas de sus canciones, sigo sin sentir esa misma admiración que tuve con “The Fame“.

Quizás he ahí el origen de mi problema: Cuando un músico saca su primer disco, tira a la parrilla todo el trabajo de años. Para el siguiente material, en cambio, el reloj empieza a correr, las expectativas se vuelven superiores y, conforme avanzan los discos, la gente pide más de lo que a veces se puede dar.

Born This Way” no me mató a la primera, a diferencia de su antecesor, pero lo amé con el pasar de los días. “Artpop“, en cambio, jamás me convenció.  Ya no me sentía tan “Little Monster” después de todo.

Por eso esperaba con tantas ganas este disco, creyendo que volvería esa Lady Gaga del “Disco Stick“, ridícula y 100% popera. En su lugar, Mark Ronson trabajó con una mujer wannabe Johnie Cash, harta de los sintetizadores y con un hambre de sonidos orgánicos que, en vez de sorprender, terminó aburriéndome. Salvo “Million Reasons“, no puedo destacar absolutamente nada:

Supongo que tendré que seguir esperando a esa Gaga máquina de hits, a ver si algún día desea reaparecer. Pero en este caso, creo que paso.

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