Mi obsesión comenzó en primer año de la universidad. Estudiaba todo el día y muy pocas veces llevaba almuerzo. Por lo general, iba a un negocio cercano y me compraba una leche con chocolate y un pan de jamón huevo.

Sentía que era el sandwich perfecto; el equilibrio entre lo húmedo del huevo, pero no mojado, y lo seco del jamón, pero nunca duro. Creo que comí jamón huevo los cuatro años de universidad.

Durante mucho tiempo, probé distintas recetas del huevo y lo hice con varios tipos de jamón, pero jamás logré la perfección que sentía cuando estudiaba, hasta que hace unas semanas entré a un café y volví a experimentar esos hermosos recuerdos llenos de colesterol.

El lugar se llama “El Taller” y queda en Providencia entre Antonio Varas y General del Canto. Tienen mini sándwiches de distintos tipos, y entre esos, un jamón huevo maravilloso. Ya me estoy haciendo clienta habitual por culpa de ellos.

Si quieren experimentar los mejores recuerdos de cumpleaños de la infancia, les dejo el dato mega recomendado. Porque nada es más perfecto que un jamón huevo.

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